Permitidme por unos instantes que me ponga seria. Hoy se cumplen 30 años del mayor desastre industrial de la historia de la humanidad y me consta que probablemente muchos de vosotros ni si quiera sabéis de lo que hablo. En diciembre del año 1984 una empresa norteamericana liberó 40 toneladas de isocianato de metilo (MIC), un gas extremadamente tóxico, debido a una interminable cadena de negligencias en la ciudad india de Bhopal. ¿El resultado? La escalofriante cifra de 22000 muertos y 150000 personas afectadas aun a día de hoy que beben agua contaminada y sufren enfermedades y malformaciones derivadas de la catástrofe. Os preguntaréis por qué a estas horas de la noche me dedico a revolveros el estómago con estos datos. Pues bien, tres décadas después la empresa responsable no ha sido ni si quiera juzgada y por tanto las miles de víctimas de aquella inmensa nube de gas no han recibido ni una mísera indemnización y luchan día a día por sobrevivir sea como sea. Lamentable e injusto, pero claro, ¿a quién le importa toda esa gente? Son pobres, sólo eso, miles de muertos de hambre, sucios e inservibles que no merecen compasión ni ayuda. Si no producen, no valen para nada. Es curioso como la pobreza nos despoja del rango de "personas" para pasar a ser sólo eso: pobres. Y como periodista en potencia y persona con un mínimo de sensibilidad me he visto obligada a compartir esto con vosotros para que alcéis vuestra voz y denunciéis (bueno, denunciemos) injusticias de esta magnitud que, por desgracia, muchas veces quedan impunes.