miércoles, 2 de diciembre de 2015

Mano de hierro

Tenía muy claro sobre qué iba a escribir hoy. Antes de prenderle fuego al teclado del ordenador, me he metido en Twitter para ponerme al día de lo acontecido hoy en el mundo. Hay días que es mejor no levantarse de la cama. Y, desde luego, no abrir el Twitter. La cuenta oficial de El País informaba sobre la multa de 90€ que ha tenido que pagar un hombre por abandonar durante varios días a sus perros, uno de los cuales ha muerto de sed e inanición. Tras leer semejante barbaridad, mi estómago se ha hecho un nudo y mi conciencia me ha dicho "tienes decir algo al respecto". Siempre me toca la fibra sensible el sufrimiento animal (sobre todo desde que tengo mascota) pero esta vez, a la tristeza se han unido la rabia y la indignación. Tan solo 90 cochinos euros son suficientes para compensar una vida, la vida de un ser completamente inocente que probablemente le haya sido fiel a semejante monstruo hasta el segundo en que su corazón dejó de latir. El doble o el triple de esa cantidad es lo que le costó a mi madre un día aparcar en doble fila para poder recoger a mis hermanos del colegio. En momentos como este mi condición de ser humano me produce vergüenza.