martes, 30 de diciembre de 2014

Quiero ser como tú

Desde muy pequeña siempre me han acomplejado dos cosas de mi físico. La primera, mis orejas de soplillo, razón por la cual pocas veces me veréis con el pelo recogido. La segunda, el color de mi piel. Puedo estar horas y horas bajo el sol, cual chuletón en una parrilla, vuelta y vuelta, que mi blanco nuclear seguirá tan impoluto como de costumbre. De hecho, una tarde que iba en el autobús con dos amigas oí una voz que venía desde los asientos de atrás y decía: "qué asco me dan las tías con la piel blanca" a la que siguió otra que contestó un "buah, tío, ya ves". Un par de años más tarde llegó a mis oídos que un chico de mi clase dijo que yo le gustaría si tuviera el pelo más largo. Un complejo más para la lista. Pero ahora que me pongo a pensarlo, probablemente aquella pareja de subnormales (y creo que utilizo un término bastante suave para describirlos) no reparó en que el ideal de belleza durante el Renacimiento eran las mujeres blancas, de pelo rubio y ojos claros. Es más, apuesto a que tampoco sabían que en muchos países de Asia las marcas de cosméticos se forran vendiendo blanqueadores para la piel. En cuanto al hater de las melenas cortas, si hubiera presenciado aquella conversación le habría dado los motivos por los cuales decidí hacerme un corte de pelo tan drástico. Decidí cortarme el pelo porque mi imagen anterior representaba para mí una etapa marcada por las decepciones y el sufrimiento inútil y ese cambio fue un gesto simbólico. Y, ¿qué coño? Mi pelo corto, mi piel de vampiro de Crepúsculo y mis orejas de soplillo son parte de mí, son lo que me hacen distinta a los demás, única e irrepetible. Y no, probablemente durante el resto de mi vida querré ser más alta, más guapa, mas morena, más delgada, siempre más... Pero cuando los complejos se apoderen de mí resolveré mis crisis personales pensando que hasta las mayores obras de arte pueden no resultar bellas para todo el mundo o incluso pueden ser bellas de manera diferente para cada uno de nosotros. Y no por eso dejan de ser arte.