miércoles, 4 de marzo de 2015

Et Dieu crea la femme

Brigitte Bardot fue una de las mujeres más deseadas durante las décadas de los 50 y los 60 gracias al estreno de Y Dios creó a la mujer. A día de hoy, multitud de modelos, celebridades y revistas de moda recrean su melena rubia y sus ojos enmarcados en negro. Sin embargo, parece que todos olvidan que la figura de la fabulosa BB evocaba más a un reloj de arena que a un palo de escoba. ¿Por qué os cuento todo esto? Os lo cuento porque hace una o dos semanas leí horrorizada una noticia que debería escandalizar a toda la sociedad y sobre todo a las mujeres. Resulta que si actualmente diosas como Cindy Crawford, Claudia Schiffer o Linda Evangelista quisieran dedicarse al glamuroso (y en parte escalofriante) mundo de la moda, serían consideradas modelos de talla grande. Es decir, los grandes iconos de belleza femeninos de los 90, las mujeres más perseguidas y envidiadas de la década, serían consideradas obesas mórbidas por aquellos que ahora, en pleno siglo XXI, cortan el bacalao en el backstage de los grandes desfiles. No sé a vosotros, pero a mí particularmente me escandaliza. Todavía hay más. Parecer ser que la modelo alemana Heidi Klum en sus inicios fue rechaza por estar "demasiado gorda". Para los que no la conozcáis, Heidi ha sido durante años uno de los flamantes ángeles de Victoria´s Secret. Suma y sigue. Ahora está de moda estar delgada hasta dar grima, parecer, como os decía antes, un palo de escoba. No sólo es aberrante luchar contra la naturaleza de la mujer, que desde tiempo inmemoriales se ha caracterizado por tener una figura completamente curvilínea, sino que además esta nueva moda es un atentado contra la salud física y psicológica de millones de mujeres a lo largo y ancho del planeta. Yo, que he visto de cerca los estragos de la anorexia, me indigno sobremanera al ver como la cúpula de la moda hace apología de una enfermedad tan seria, que no sólo destruye a quien la padece sino también a aquellos que están a su alrededor. Mi abuela, en su infinita sabiduría, ha elaborado una teoría al respecto. Según ella, la raíz del problema está en que la mayoría de los grandes modistos son homosexuales y, por esta razón, quieren que sus maniquíes femeninos tengan una figura lo más andrógina posible, de acuerdo con sus preferencias sexuales. Quizás sea cierto, puede. Sea como fuere, mi postura es clara y contundente. Además, por si esto fuera poco, como respuesta ha surgido un movimiento dentro del mundo de la moda que apuesta por tendencias más transgresoras que ensalzan a la mujer obesa. Sí, hay modelos de tallas grandes que triunfan. Y no, eso tampoco es, tan malo me parece estar desnutrida como sobrepasar un límite de peso saludable. En fin, os dejo con Heidi (bajo estas líneas), Cindy y Claudia (debajo de la foto anterior) para que juzguéis vosotros mismos. ¡Vivan las curvas!