La estupidez humana no tiene límites. Podríamos decir que es como el universo: se expande continuamente y no entiende de fronteras. Creo que el mayor reflejo de la estupidez de las personas es la negación de la evidencia: gente que se convence así misma de que el cielo es rojo cuando todos sabemos que es azul. Y se lo acaba creyendo. Uno de esos irritantes y curiosos personajes es sin duda alguna el señor Juan Carlos Monedero. No sé con cuántos venezolanos ha tratado usted a lo largo de su vida, al igual que desconozco si dichos encuentros han sido fortuitos o programados. A mí, concretamente, el azar me ha permitido conocer la historia de seis familias venezolanas que actualmente residen en España. Todas coinciden: salieron de Venezuela para huir de las garras del chavismo. Todas comparten el mismo drama: los familiares que dejaron en Venezuela les ruegan que en sus visitas vayan armados hasta los dientes a base de medicinas y alimentos. A día de hoy, cada ciudadano tiene asignado un único día para hacer la compra en un país con una inflación del 217%, la más alta del planeta, y un PIB de -9%.