lunes, 7 de diciembre de 2015

No llores por mí, Venezuela

La estupidez humana no tiene límites. Podríamos decir que es como el universo: se expande continuamente y no entiende de fronteras. Creo que el mayor reflejo de la estupidez de las personas es la negación de la evidencia: gente que se convence así misma de que el cielo es rojo cuando todos sabemos que es azul. Y se lo acaba creyendo. Uno de esos irritantes y curiosos personajes es sin duda alguna el señor Juan Carlos Monedero. No sé con cuántos venezolanos ha tratado usted a lo largo de su vida, al igual que desconozco si dichos encuentros han sido fortuitos o programados. A mí, concretamente, el azar me ha permitido conocer la historia de seis familias venezolanas que actualmente residen en España. Todas coinciden: salieron de Venezuela para huir de las garras del chavismo. Todas comparten el mismo drama: los familiares que dejaron en Venezuela les ruegan que en sus visitas vayan armados hasta los dientes a base de medicinas y alimentos. A día de hoy, cada ciudadano tiene asignado un único día para hacer la compra en un país con una inflación del 217%, la más alta del planeta, y un PIB de -9%.
Si los astros se alinean y la suerte lo acompaña, a lo mejor el ciudadano de turno y su correspondiente familia tendrán provisiones para paliar el hambre durante unos pocos días. A lo mejor lo suyo no son los porcentajes, don Juan Carlos, y se marea usted entre tanto número. Quizás debería presentarle al novio de una de mis mejores amigas para que vea sus ojos empañados y sus puños apretados cada vez que ve una imagen de su país en las noticias. O quizás a un antiguo amigo mío cuya abuela diabética subsiste gracias a  la insulina que le mandan sus familiares desde España. Así transcurre la vida en el Edén, según parece. Pero hablemos de violencia. En Venezuela se produce un asesinato cada 20 minutos y los secuestros son ya una realidad cotidiana. Me atrevo incluso a decirle, ahora que estamos en confianza, que a la exparlamentaria venezolana y líder de uno de los muchos partidos de la oposición, doña Corina Machado, la patearon(literalmente, de hecho le rompieron la nariz) en plena sesión del Congreso a puerta cerrada mientras entre burlas y amenazas sus compañeros la "invitaban amablemente" a dejar el cargo. Tampoco le digo nada de los estudiantes que se manifestaron pacíficamente (destaco este último término) hace más de dos años pidiendo justicia y que fueron recibidos "calurosamente" por la policía, que los torturó metiéndoles objetos por el ano (entre otras muchas barbaridades). No pretendo con esto herir su sensibilidad, pero me tendrá que reconocer que no parece un trato... digamos correcto. Le comento también a usted, defensor de la solidaridad proletaria y, me imagino, de la libertad de expresión, que Leopoldo López sigue entre rejas por razones ideológicas. A mí desde luego, me parece un bochorno. Con este discurso no pretendo otra cosa que transmitirle mi rabia y mi indignación, fruto de su empeño en defender lo indefendible y, por si fuera poco, intentar justificarse. Venezuela ha experimentado por primera vez en 17 años algo parecido a la democracia. Si lo único que tiene usted que decir es una aberración en contra de la libertad, la dignidad y los DDHH, más le valdría mantener su boca cerrada. Tan cerrada como parece estarlo su mente.

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