sábado, 16 de enero de 2016

Baby boom

Hacía mucho que no me pasaba por aquí. Echaba de menos utilizar este blog como herramienta de reivindicación. Pero de repente, llegó la señora Carolina Bescansa y la inspiración vino a mí. Dudo que personas más jóvenes que el bebé de la ya archiconocida diputada de Podemos hayan causado un revuelo mediático mayor o incluso similar. Sí, aparecer en el primer pleno del Congreso, tras unas elecciones generales, con un bebé bajo el brazo e irlo pasando de mano en mano para que este visite los escaños colindantes es más propio de un número circense que de una presentación política (sobre todo si tenemos en cuenta que en el Congreso hay una guardería para los hijos de los diputados). Sin embargo, no voy a renegar de doña Carolina ni a lapidarla públicamente a través de mi prosa. Me gustaría que más allá del espectáculo, la gente que se ha pronunciado a cerca del asunto se pare a pensar sobré el mensaje que esconde semejante patochada. Mi madre, una mujer que a pesar de su sensibilidad es increíblemente fuerte, no tuvo nunca una baja por maternidad durante ninguno de sus cuatro embarazos y una semana después de dar a luz a mí y a mis hermanos ya estaba subiéndose a sus tacones para afrontar, al menos con dignidad, una nueva jornada laboral. Veinte años después de haber experimentado la maternidad por primera vez, predice con tristeza que las futuras madres de sus nietos correrán la misma suerte. Sin ir tan lejos, una de sus hermanas, hace dos o tres años, tuvo que dejar su puesto de trabajo tras sufrir "moving" porque se atrevió, ingenua ella, a pedir una reducción de su jornada laboral para poder atender a sus hijos. Y no, no estoy hablando de una aldea rural en las montañas de Afganistán, hablo de España, un país occidental y democrático. Aun hoy en entrevistas de trabajo se pregunta a las mujeres si tienen hijos o si planean tenerlos en un futuro, una forma de coaccionar a profesionales cualificadas para que sacrifiquen su vida personal y familiar en favor de su trabajo. Y claro, llega la hora de hacer números y al Estado le sale más rentable que las mujeres aborten, poniendo en riesgo su salud física y mental, que ayudarlas para que puedan criar a sus hijos con dignidad. Pero a largo plazo, y sigo hablando en términos meramente económicos, no habrá población suficiente en edad laboral para mantener las pensiones del futuro. ¡Vaya por Dios! A más de uno le cambiará la cara cuando vaya a cobrar su pensión y se vea sin un duro. Y esto es lo que ocurrirá si el gobierno, sea del partido que sea, no se remanga de una maldita vez y trabaja por una verdadera conciliación laboral y familiar, no solo para las madres sino también para los padres. Así que, retomando la anécdota de la señora Bescansa, he de decir que su gesto ha servido para poner de relieve un debate inconcluso que debería estar a la orden del día. Deseo, doña Carolina, como mujer y como futura madre (o eso espero), que esto solo sea el comienzo del cambio.

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