martes, 2 de junio de 2015

Lo más normal es ser hipster

El pasado domingo fui a la feria del libro con una de mis mejores amigas. Desde que la conocí hace ya cinco años (si no me equivoco) siempre he sabido que ella era una persona diferente, que iba en contra del viento y además no le importaba, es más, se enorgullecía de ello. Siempre ha tenido  un halo, un no-sé-qué, que le hace absolutamente interesante y, por consiguiente, irresistible. El caso es que su espíritu bohemio la lleva por el camino de la poesía y como buena poeta en potencia me quiso llevar a un recital de poesía contemporánea en mitad del parque del Retiro. Lo curioso es que ella, que a pesar de su elegancia natural cuando menos te lo esperas aparece con un piercing casi escandaloso o con la cabeza medio rapada, no desentonaba en absoluto en aquella multitud de vestidos hasta los pies asomando unas botas militares, gafas de pasta, pelos azules y tatuajes sin forma definida que paseaban por allí haciéndose los entendidos de todo y a la vez de nada. Me sentí incluso rechazada con mis vaqueros cortos, mi piel inmaculada sin rastros de tinta negra ni de más pendientes que los que llevaba en los lóbulos de las orejas, sin estar a la última en poesía del siglo XXI (debido a mi profundo respeto por los clásicos)ni de las últimas y pintorescas publicaciones literarias. Recuerdo que una vez, una compañera de instituto (muy alternativa ella) me dijo lo siguiente: "ser hipster es ir en contra de las modas. Si ahora lo que está de moda es ser hipster, ¿qué es realmente ser hipster?". Amén a eso. Porque no, no estoy en contra ni de los tatuajes ni de los piercings (yo misma he llevado uno), pero tampoco creo que el 40% de la gente que me cruzo habitualmente por la calle sea realmente tan especial como mi amiga o como mi compañera de clase. Es decir, ¿por qué esa obsesión por remarcar que somos diferentes, por transgredir, por llamar la atención? Cada uno de nosotros tenemos un talento, una cualidad, un motivo por el que alguien pueda enamorarse locamente de nosotros, un gusto raro o extravagante, una determinada  forma de pensar o de entender el arte. En definitiva, somos únicos e irrepetibles por naturaleza, solo en nosotros mismos está la posibilidad de ser felices y de comernos el mundo, no en lo que digan o en lo que piensen los demás. Y por eso, yo, con mi físico y mi forma de vestir completamente normales, me siento afortunada, pero sobre todo distinta, y me enorgullezco de ello, sin tener que aparentar lo que no soy ni avergonzarme por mi aspecto (o por mis  escasos conocimientos sobre literatura actual). Por qué no decirlo, ser normal ahora es ir en contra de las modas o, mejor dicho,  es no pasar de moda, es la reinvención del concepto hipster. Este es mi tributo a todas aquellas personas que marcan la diferencia de verdad, con sus actos y sus palabras (y a veces también con su aspecto) y también a mí misma. Porque yo lo valgo.

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