Esta tarde mi familia y yo hemos ido a felicitar al hijo de unos amigos de toda la vida que se calzaba los tan ansiados 18. Después de los regalos y los tirones de orejas correspondientes, mi madre, ingenua ella, ha preguntado a su amiga qué tal estaban sus padres, a los que nosotros conocemos y tenemos mucho cariño. Ambos superan los 80 años y se encuentran en un estado de salud realmente delicado que les impide valerse por sí mismos. Hasta aquí, todo normal. Cuál ha sido nuestra sorpresa cuando nos ha contestado lo siguiente. Hace un par de semanas fue a pedir Ayudas a la Dependencia para que sus padres tuvieran a una persona interna en casa que les pudiese ayudar en el día a día. Pues bien, la señorita que estaba detrás de la ventanilla le dijo que la Comunidad de Castilla y León no tenía dinero y por tanto había dos opciones: vender la casa de sus padres e ingresarlos en una residencia privada o bien, que ella se trasladara desde Madrid (donde vive actualmente) a Valladolid para dedicarse única y exclusivamente a cuidar de ellos. Es más, actualmente la pareja recibe (atención, que vienen curvas) 20 euros al mes en concepto de "ayudas". Sí, 20 euros. Sí, al mes. Y para rematar, la funcionaria en cuestión dejo caer, de manera sutil a la par que elegante, que con suerte ambos morirían pronto y así el asunto quedaría zanjado. Admiro la entereza y la frialdad con la que la amiga de mis padres escuchó palabra por palabra apretando los puños de impotencia, refrenando sus instintos de coger un rifle y tomarse la justicia por su mano (que buena falta haría en muchos casos, si se me permite la barbaridad). Y no, no voy a teñir de ideología esta anécdota tan estremecedora. Simplemente, me planteo qué clase de país tercermundista es España que, a pesar de encontrarse en pleno siglo XXI, ser miembro de organizaciones supranacionales como la UE o la OTAN y formar parte del G-20, deja con una mano delante y otra detrás a las personas que más lo necesitan. ¿Para qué tanto impuesto entonces? ¿Para qué tanto discursito sobre la igualdad y la solidaridad? ¿Nos van a dejar morir como perros en las calles mientras los mismos de siempre no hacen más que pasearse subidos en sus coches de lujo? Qué injusticia, qué vergüenza, qué asco. En conclusión, salimos más caros vivos que muertos. Vivimos o, mejor dicho, malvivimos en el Estado del Malestar. Pasen y disfruten (si es que pueden).
Simplemente, magnífico.
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