martes, 29 de septiembre de 2015

Maquillaje feminista

Hace unas semanas, la siempre polémica Miley Cyrus acudió a un programa de la televisión estadounidense para que le hicieran una entrevista. El atuendo que eligió para tal ocasión estaba compuesto, en la parte superior de su anatomía, por una americana y unas (atención, que vienen curvas) aplicaciones de cristales para cubrir (o resaltar, aún no me ha quedado muy claro) sus pezones de ex-princesa Disney. Sí, los pezones. El presentador, como es lógico, no pudo resistir la tentación de hacerle saber a Miley que  su escasez de vestuario no le permitía concentrarse para hacer la entrevista. Ella, muy digna, respondió que lo había hecho a modo de reivindicación feminista porque el mundo tenía un problema con la exhibición de los pechos. Ahí es nada. Ante semejante respuesta, el presentador no tuvo más remedio que preguntarle a la que un día fuera Hannah Montanah qué pensaba su padre sobre su tendencia de aparecer en público como Dios la trajo al mundo. La contestación de la artista fue, ni más ni menos, que su padre prefería que enseñara los pechos en televisión a que fuera una mala persona. Mi padre también prefiere que me pasee en bolas por la Gran Vía en hora punta a que me vuelva adicta a la cocaína, pero afortunadamente nunca se ha visto en la tesitura de tener que elegir. Lo que realmente me sorprende de esta anécdota es que Miley maquille de feminismo su patético intento de relanzar su carrera tras admitir, unos años atrás, que no se encontraba interesante a sí misma. Su talento ya no es suficiente para vender las entradas de sus conciertos y parece que el escándalo es su nueva estrategia de marketing desde que abandonara la serie que, con tan sólo 14 años, la catapultó hacia la fama. Es decir, tiene que recurrir a vender su cuerpo en los medios y en las redes sociales para no desaparecer del mundo de la farándula. Un acto muy poco feminista, querida Miley. No te culpo. Pasarse la infancia de plató en plató y convertirse en una adolescente multimillonaria, rodeada las 24h del día de más adolescentes como tú gritando tu nombre, no debió de ser nada fácil. Tampoco debió de resultar sencillo  ver como el mundo te daba la espalda cuando decidiste dejar de ser una princesita Disney para demostrar que, más allá de aquella peluca rubia, había  toda una mujer que soñaba con coger las riendas de su carrera. Pero ser una víctima de esta sociedad de "usar y tirar" no te da derecho a emplear la palabra "feminismo" para justificar tus salidas de tono. Porque las verdaderas feministas luchan incasablemente todos los días en contra de la explotación sexual, de la mutilación genital, de la violencia machista, del concepto de "mujer objeto" y de otras muchísimas injusticias que sufren millones de mujeres a lo largo y ancho del planeta. Así que no, siento decirte que no pasarás a la historia como una heroína feminista. Más te valdría emplear tu boquita de fresa para cantar y actuar, a ver si de esa manera cumples por fin tu sueño de ser respetada como artista. Y ya de paso, como mujer.

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